Rufo Criado regresa a Bilbao dos décadas después
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“La directora de la Sala Rekalde, Alicia Fernández, sabía que mi trabajo se articula en torno a la naturaleza. Cuando mantuvimos las primeras conversaciones sobre la posibilidad de montar una exposición, le dije que dentro de la naturaleza hay un elemento que para mí ha sido fundamental: el tema del agua, relacionado sobre todo con el río y sus reflejos”, explica a Ical el artista.
Como muestra de la preocupación temática de Criado por el agua, en la exposición pueden contemplarse, hasta el próximo 9 de abril, creaciones en multitud de soportes como chapas galvanizadas, lienzos, cajas de luz, papel e incluso una videoproyección. El lapso temporal que recorre la muestra abarca desde 1994, fecha en la que está datada la pintura ‘Sin título (agua)’, hasta 2010, cuando dio forma a la videoproyección ‘En la distancia verde’ para la exposición homónima que protagonizó hace dos años en el CAB.
La primera de esas dos piezas es una pequeña obra en lienzo, con una chapa con pintura metálica en su parte central sobre un fondo de óleo gris plata que incluye múltiples evocaciones del agua. El montaje de vídeo, por otra parte, recrea imágenes en blanco y negro del río Riaza y de sus reflejos, captadas por Criado y proyectadas con un diámetro de tres metros para dotar de un mayor protagonismo al concepto de grafismo que evocan.
“Me interesa mucho insistir en la idea de lugar, no como pura anécdota sino como relación directa con mi estudio, que está muy próximo el río Riaza. De alguna forma, toda esta obra es bastante deudora de ese referente que son los reflejos y los lugares de este río, que es un lugar cotidiano para mí. No se trata de una proyección de fotografías sino más bien de un conjunto de pinturas abstractas en blanco y negro que se van concatenando o entrelazando”, detalla.
No en vano, acompañando esa videocreación, los visitantes podrán escuchar como trasfondo a toda la exposición un audio “muy sutil” que recoge sonido directo del propio Riaza, grabado en una zona donde habitualmente se producen los reflejos que el artista pretende reproducir en su trabajo.
Dos series reunidas por primera vez
La exposición de la Sala Rekalde reúne por primera vez dos series que hasta el momento no se habían podido contemplar completas en España. Se trata de la que presta su título al conjunto, ‘Sonidos de agua’ (integrada por diez piezas de 2,40 metros de alto por 60 centímetros de ancho y seis centímetros de fondo), que hasta ahora sólo se había visto en formato tríptico en ARCO y como políptico de cuatro piezas en el Monasterio de Prado de Valladolid, y de ‘Ojos de agua’ (ocho cajas de luz, cuatro de ellas de 1,40 metros de diámetro por veinte de fondo y el resto de 90 centímetros de diámetro), un proyecto que realizó para el Instituto Cervantes entre 2007 y 2009, y que hasta el momento sólo se había mostrado en Palermo, Nápoles y Nueva Delhi.
El montaje de la exposición, que rehuye todo criterio cronológico, desvela, a juicio del artista, una evolución en su trabajo a lo largo de los años entendida como “recorrido creativo”. Así, frente a la secuencia galvanizada grande, se puede contemplar una serie de seis acuarelas sobre papel de 30 por 30 centímetros, realizadas cinco años después. “En esa contraposición entre el formalismo rígido y algo más expresivo e intimista, que aparece en estas aguadas, tiene mucho que ver con la interpretación de mi idea de reflejo, en un caso más como sentimiento y mancha, y en otro más dominado por la racionalidad. El montaje propone una interrelación entre lo de antes y lo de ahora, no en un sentido progresivo sino de complemento”, concluye.
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